miércoles 7 de noviembre de 2007

PERRO QUE LADRA {…} NO MAMA

Por: Camilo Arango Bedoya

Si a Fernando González no hubieran llegado las ofensas de quienes se consideraban abiertamente sus detractores en Bogotá, quizá en las letras parisenses de Salomé nuestra capital jamás hubiera sido mencionada ni su nombre ensuciado tan finamente. Sin la relación tormentosa que tuvo Kafka en su niñez con su progenitor, a lo mejor Carta al Padre no sería una joya literaria tallada de encono. Si Fernando Vallejo no hubiera hecho el favor de desdeñar del país, algunos no reconocerían en sus palabras la poética negra de la realidad colombiana y del corazón de muchos otros no saldría eyaculado un patriotismo tan fervoroso.

Tres ejemplos literarios para gravitar que sin una “causa de choque” no hay reacción. Esto ha quedado claro en algunos espacios académicos (clases) cuando con la lupa del profesor se observa al detalle la perspectiva funcionalista, reducto de los intereses de la industria americana del entretenimiento que busca mostrar los medios de comunicación como la parte débil del proceso comunicativo; y en éste, la fortaleza de la audiencia.

Porque perro que ladra no muerde, cuando el sujeto está convencido de que tiene cierto poder sobre los medios se adormece. Cae en la ingenuidad que sólo la firme convicción de “tener el mando” conlleva. Porque a quien se le afirma con vehemencia teórica que tiene la libertad y la capacidad de incidir sobre la agenda informativa, se le da una palmadita en la espalda para que ladre, pero se le ata sin que lo sepa para que no muerda.

De manera más explícita, David Castrillón, profesor de Comunicación, ilustra cómo el modelo funcionalista da la sensación de libertad a sus audiencias y, de este modo, toda actitud reaccionaria, tal vez contestataria, pero sobretodo crítica, queda sin cauce que recorrer. Así, nosotros, los mediados y mediatizados, nos hacemos el par de “pajazos mentales” diarios frente al televisor, la prensa y la radio, y quedamos extasiados, satisfechos… cómodos, conformes. Un falso ideal de participación se erige, por ejemplo, desde encuestas que no definen ni determinan nada, de preguntas cerradas y, sea cual sea el resultado, la realidad es la misma. He aquí una disfunción narcotizante de los medios; ellos hacen creer que se hace.

El que no llora no mama, se cree en los pasillos de las organizaciones. Esa misma simulación de interés por lo que el empleado pueda decir o hacer, en beneficio suyo y de sus pares, contribuye con el sostenimiento del status quo, por medio de herramientas de motivación que “beneficiarán” el estado de ánimo del personal y favorecerá las labores de producción. Y así es como bajo el polen de un orden organizacional y la persecución de unas metas “compartidas”, se logra que los empleados trabajen de manera voluntaria (u obligada y consciente de tal condición) incluso más del tiempo que reconocen en el cheque o la consignación mensual.

La fórmula es sencilla: tras aplicar con éxito el paso 1 que ya ha sido mencionado, lo que sigue a continuación es la vinculación y la movilización de los empleados en una especie de “nacionalismo de la empresa”. Uso este concepto porque no hallo uno más preciso. Acaso esa comunidad de intereses y esa “unión” entre quienes mandan y quienes son mandados en las organizaciones pueden compararse con las bases ideológicas de los nacionalismos, pero a menor escala. O probablemente podría justificarse una extraña contracción inversa de las palabras que forman ese concepto acuñando el término “empresarismo”, mas no con la relación de emprendimiento tan de moda por estos días. Y, ¿por qué no, teniendo en cuenta que los “ismo” implican extremos, como expone el comunicador Pablo Múnera? Pero, ¿qué hacer entonces con el doble significado de “empresarismo”?

Sin prestarle mucha trascendencia al asunto, da lo mismo. Igual, sea como sea, el empresarismo no es más que un paliativo para la inexistencia de garantías dignas de empleo; es sólo mezcla de tierras y piedras para tapar los huecos (entiéndase abismos) del sistema económico y social.

Seguramente más páginas vendrán.


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